Introducción

Existe una intuición que conviene poner a prueba: la de que el artista no crea realidad desde la nada, sino que recibe, contempla, transforma y manifiesta aspectos de una realidad preexistente. La intuición consta de una parte negativa — el artista no crea de la nada — y una parte positiva — el artista recibe y re-manifiesta lo real —. La primera es firme; la segunda requiere examen, porque hay una clase de arte que parece desmentirla: el arte abstracto.

1. La tesis y sus dos partes

La parte negativa es la más sólida. El artista no produce el ser de las cosas desde la nada; opera siempre sobre una materia y una experiencia recibidas. La distinción entre el ser (esse) y la forma lo precisa: solo el ser se crea ex nihilo; el artista produce forma nueva en materia dada. Sobre esta distinción trata Crear, hacer e imitar la naturaleza.

La parte positiva es más vulnerable: sostiene que el artista recibe algo de la realidad, lo contempla, lo interpreta, lo reorganiza y lo manifiesta mediante un medio. Describir así al artista equivale a describir, en el fondo, el modo representacional del arte. Y no todo arte es representacional.

2. Las objeciones

La parte positiva atrae objeciones serias. Platón negaría que el artista reciba «realidad»: recibe apariencia (φάντασμα), a tres grados de la verdad (República X). La teoría expresiva (Croce, Collingwood, Tolstói) invierte la dirección: el artista expresa lo interior, no recibe lo exterior. El formalismo (Bell, Hanslick) entiende que la forma pura no refiere a realidad externa alguna: la música no representa nada. El arte conceptual (Duchamp, Kosuth) no «transforma» ni «manifiesta mediante un medio»: el readymade («objeto encontrado», la pieza manufacturada seleccionada como obra) queda intacto y la idea es el arte. La ficción representa lo inexistente: el dragón no preexiste. Y la imaginación productiva (Kant) produce formas que no derivan de percepción determinada alguna.

Todas estas objeciones señalan lo mismo: la parte positiva describe un modo del arte, no el arte en general. Presentarla como ley universal sería falso; como descripción de lo único que el arte hace, también falso.

3. El contraejemplo del arte abstracto

El caso más difícil es el arte abstracto, porque sus propios fundadores negaron estar representando algo. Kandinsky sostiene en De lo espiritual en el arte (1911) que el arte expresa la «necesidad interior» y el contenido espiritual, no los objetos. Malevich acuñó el término «no-objetivo» (bespredmetnoe) y habló del «cero de la forma» (Del cubismo y futurismo al suprematismo, 1916): el suprematismo es «arte de sentimiento puro, sin interés por representar el mundo visible». Mondrian, con el neoplasticismo, reduce la pintura a línea y color primario para manifestar la «armonía universal», no un objeto.

Si «representar» significa referir a un objeto sensible, el arte abstracto no representa nada. La tesis, en su formulación ingenua, fracasa aquí.

4. La reformulación pluralista

El fracaso exige reformular la tesis, no abandonarla. La relación entre arte y realidad no es una, sino plural. El arte puede representar (referir a objetos, relaciones o estructuras), expresar (manifestar estados), evocar (ocasionar experiencias), simbolizar (remitir a conceptos) o producir forma (construir formas sin referente sensible). «Representar» es uno de esos modos, no el único. La tesis positiva solo es válida para el primero, y aun dentro de él necesita precisarse: lo que recibe el artista no es «la realidad» en bloque, sino formas — aspectos inteligibles — por vía de la cognición.

5. El arte abstracto como referencia de otro orden

El punto decisivo, que las objeciones no alcanzan, es el siguiente. La distinción entre «representar» y «producir forma sin referente» presupone que el único referente posible es el objeto sensible. Ese presupuesto es el que hay que discutir.

Puede sostenerse que la abstracción no consiste en carecer de referente, sino en referir a un referente de otro orden. El arte abstracto puede referirse a formas abstractas de ideas y de sentimientos que vienen dadas por la propia realidad: la armonía de Mondrian, la «necesidad interior» de Kandinsky o el «sentimiento puro» de Malevich no son invenciones arbitrarias, sino estructuras, ideas y afectos que pertenecen a lo real, aun sin ser objetos sensibles.

De ser así, el artista abstracto funciona a su modo como quien recibe y re-produce: su «señal de entrada» no es un objeto, sino una forma ideal o afectiva. La abstracción no abandona la realidad; cambia de nivel dentro de ella: del objeto a la estructura, de la apariencia a la idea, del hecho al sentimiento.

Con todo, esa intuición necesita un matiz. No todo arte abstracto «representa» una idea o un sentimiento real: puede degenerar en formalismo vacío o en mero efecto. La tesis no afirma que todo arte abstracto sea referencial; afirma que la abstracción puede serlo, y que negarle todo referente de antemano es confundir lo «no-objetivo» con lo «sin-realidad».

6. La tesis reformulada

La formulación que sobrevive al examen es la siguiente.

La parte negativa es universal: el artista no crea el ser desde la nada, sino que opera siempre ex aliquo — sobre materia y experiencia recibidas —, nunca ex nihilo. La parte positiva queda restringida al modo representacional: el artista recibe formas por la cognición, las contempla, las interpreta y las re-produce en un medio, conservando el universal y añadiendo forma nueva. Y una parte extendida cubre lo abstracto: aun el arte abstracto puede ser referencial, cuando su referente es una forma abstracta — idea, sentimiento, estructura — dada por la realidad misma.

De todo ello resulta una frase: el artista es un intelecto activo que recibe forma — sensible o abstracta — de lo real y la re-produce en una materia nueva. No es un creador de la nada ni un copista de la apariencia; es quien recibe la forma de lo real y la devuelve transformada.

Conclusión

La tesis inicial sobrevive en su parte negativa (no crear el ser), se restringe la positiva (al modo representacional) y se enriquece con la extensión al arte abstracto (la referencia a formas ideales y afectivas). No debe afirmarse que todo arte represente, ni que el arte abstracto carezca por principio de referente. La relación entre arte y realidad es plural: la representación es uno de sus modos, y la abstracción puede ser otro, no su negación.

Referencias

Fuentes primarias

  • Platón, República X (ed. Stephanus).
  • Aristóteles, Poética; Física II.2.
  • Kandinsky, W., Über das Geistige in der Kunst (1911).
  • Malevich, K., Del cubismo y futurismo al suprematismo (1916).

Fuentes secundarias

  • Bell, C., Art (1914).
  • Hanslick, E., Vom Musikalisch-Schönen (1854).
  • Collingwood, R. G., The Principles of Art (1938).