Introducción
Se afirma que un artista «crea», que un artesano «fabrica», que un científico «descubre». La palabra única esconde acciones distintas, y separarlas exige precisar qué significa «crear» en sentido estricto y qué hace realmente el ser humano cuando produce algo nuevo.
1. Siete verbos distintos
Entre crear (creare: producir de la nada, ex nihilo), hacer (facere: producir a partir de algo, en sentido genérico), fabricar (fabricare: construir con materiales), producir (producere: traer a la luz), transformar (transformare: cambiar la forma de una materia), inventar (invenire: hallar o idear una forma nueva) y descubrir (discooperire: destapar lo que ya existía oculto) hay una diferencia decisiva. Solo crear no presupone materia previa; todos los demás verbos describen operaciones sobre algo ya dado. El griego y el latín ya separaban ποιεῖν / facere (hacer) de κτίζειν / creare (crear).
2. La creación ex nihilo
La doctrina de la creación de la nada tiene fundamento bíblico y desarrollo patrístico. En Génesis 1,1 se lee: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra»; el verbo hebreo בָּרָא (bara) se reserva en la Biblia a Dios como sujeto, pues los hombres asah (hacen) y yatsar (forman), pero no bara. 2 Macabeos 7,28 precisa que Dios hizo las cosas «de lo que no existía» (ἐξ οὐκ ὄντων). La doctrina se desarrolla contra el gnosticismo en San Ireneo y Tertuliano y queda fijada en el Credo niceno.
Santo Tomás de Aquino la sistematiza en la Summa theologiae I, q. 45. Afirma que crear es hacer algo de la nada (creare est aliquid ex nihilo facere, I q.45 a.1), que la creación no es un cambio (mutatio) — porque todo cambio supone un sujeto que cambia, mientras que la creación no presupone nada y es más bien emanación total del ser desde el primer principio — y que crear pertenece solo a Dios (I q.45 a.5), pues el hombre no puede producir el ser de las cosas y solo opera sobre lo que ya es.
3. La distinción decisiva: esse y forma
Todo el problema se resuelve separando dos niveles. Dios crea el esse — el ser mismo, de la nada —, mientras el hombre produce la forma — una forma nueva en una materia ya dada —. El hombre puede producir formas nuevas, una estatua, una sinfonía o un poema, pero no puede producir el ser de nada. Por eso la «creatividad» humana es real y, a la vez, analógica: participa del crear divino — produciendo novedad —, pero no lo iguala — no produce el ser —.
Conviene no confundir tres afirmaciones que no son equivalentes. Es verdadera que «el artista no crea el ser de las cosas» y que «la creatividad humana es real pero no equivalente a la creación divina»; es falsa, en cambio, que «el artista no crea nada», pues negaría la novedad real de la forma. Pasar de «no crea el ser» a «no crea nada» es el error más frecuente y nace de usar una misma palabra para los dos niveles.
4. El arte imita la naturaleza
El principio «ars imitatur naturam» procede de Aristóteles (Física II.2, 194a21: «ἡ τέχνη μιμεῖται τὴν φύσιν»), desarrollado en Física II.8, 199a: «si el arte de construir barcos estuviera en la madera, produciría por naturaleza los mismos resultados». Naturaleza y arte comparten la finalidad; difieren en que la naturaleza lleva en sí su principio de movimiento y el arte lo tiene fuera, en la mente del artista.
Es preciso señalar qué significa aquí «imitar»: el arte no copia la apariencia de la naturaleza, sino que reproduce su operación — tender a un fin por la forma —. El médico no copia la apariencia de la salud; reproduce la operación por la que el cuerpo recupera el equilibrio.
Santo Tomás da la razón del principio en su comentario a la Física (In II Physicorum, lect. 4, n. 6):
«Eius autem quod ars imitatur naturam, ratio est, quia principium operationis artificialis cognitio est; omnis autem nostra cognitio est a rebus.»
«La razón de que el arte imite a la naturaleza es que el principio de la operación artificial es el conocimiento; y todo nuestro conocimiento procede de las cosas.»
Ese pasaje traza un puente exacto: el arte obra por conocimiento, y el conocimiento procede de las cosas. La cadena resultante es realidad → conocimiento → arte, con la naturaleza como la realidad en su dinamismo ordenado a un fin. Santo Tomás añade además que la naturaleza misma es «arte divino» (natura est ars divina), de modo que el arte humano imita en última instancia el arte de Dios — si bien solo «en cuanto puede» (in quantum potest), porque su forma es extrínseca.
Conclusión
Puede afirmarse con seguridad que solo Dios crea el ser (ex nihilo), que el hombre produce formas nuevas en materia dada y que el arte imita la naturaleza reproduciendo su operación, no su apariencia. No debe afirmarse que el hombre «crea» en sentido estricto, ni que «no crea nada» — produce formas —. La relación entre este hacer humano y la noción de representación estética se estudia en La mímesis: arte y realidad; su aplicación a una tesis sobre la actividad del artista, en El artista, la representación y la realidad.
Referencias
Fuentes primarias
- Génesis 1,1 y 2 Macabeos 7,28.
- Aristóteles, Physica II.2 (194a21) y II.8 (199a) (ed. Bekker).
- Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae I q.45 y In II Physicorum lect. 4, n. 6.
- San Ireneo de Lyon, Adversus haereses.
Fuentes secundarias
- Gilson, É., L’esprit de la philosophie médiévale.