Introducción
La palabra «representación» se aplica al arte como si tuviera un solo sentido; en realidad abarca acciones distintas — copiar, imitar, abstraer, expresar, revelar — que la historia de la filosofía ha ido separando. El concepto de mímesis (μίμησις) es el hilo de esa historia.
1. Platón: la mímesis como copia deficiente
Platón condenó la mímesis en la República X (597a–e) con el ejemplo de los tres lechos: la Forma del lecho — obra de Dios, la realidad plena —; el lecho material — obra del carpintero, copia de la Forma —; y el lecho pintado — obra del pintor, copia de la copia, situado a «tres grados de la verdad». El pintor imita la apariencia (φάντασμα) y no el ser, y «no sabe nada» de aquello que imita. La mímesis es, para Platón, epistemológicamente deficiente y moralmente peligrosa, pues alimenta la parte irracional del alma.
2. Aristóteles: la mímesis como conocimiento
Aristóteles la revaloriza en la Poética. La sostiene como natural: «el hombre es el animal más mimético y aprende sus primeras lecciones por mímesis» (1448b4–19). Hay placer en la imagen incluso de lo repugnante, por el reconocimiento («esto es aquello»): el placer de aprender e inferir. Y afirma que la poesía es más filosófica que la historia, porque «la poesía dice lo universal y la historia lo particular» (1451a36–b11) y dice lo que «podría suceder» (τὸ εἰκός, lo probable o necesario), no lo que sucedió.
La diferencia con Platón es decisiva: la mímesis no es copia, sino representación del universal en lo particular. Es un modo de conocer, no de engaño. La tragedia, con su kátharsis (κάθαρσις, «purificación», Poética 1449b), cumple una función a la vez cognitiva y emocional.
3. Ocho sentidos de «representar»
Afirmar que «el arte representa la realidad» es ambiguo, porque «representar» puede significar ocho cosas distintas: copiar (reproducir la apariencia de un particular), imitar (seguir un modelo y reproducir su forma), representar (volver a presentar, estar en lugar de), interpretar (ofrecer una lectura, sacar a luz un sentido), abstraer (aislar rasgos esenciales), transformar (reorganizar el material), expresar (manifestar un estado interior) y revelar (desvelar lo que no es visible de otro modo).
Platón redujo la mímesis a copiar y por ello la condenó; Aristóteles la entendió como representar y abstraer lo universal y la defendió; el romanticismo la desplazó hacia expresar; Heidegger y la hermenéutica contemporánea la reentendieron como revelar. No es, en rigor, una afirmación única, sino un haz de afirmaciones.
4. Verdad a través de lo ficticio
Una obra puede revelar algo verdadero aunque represente lo ficticio. La distinción clave es esta: una cosa es el contenido representado — ficticio, como un personaje inexistente — y otra lo revelado — verdadero, como la forma universal de un tipo de acción o de emoción —. La obra puede resultar «falsa» en su contenido y «verdadera» en lo que revela.
La verdad artística no es, por tanto, la verdad proposicional de la adecuación; es la adecuación de una forma a una posibilidad real, o la revelación de una estructura de lo real. Lo ficticio revela lo real por tres vías: lo universal (Aristóteles), lo probable o necesario (τὸ εἰκός) y el símbolo o la alegoría, que representan lo invisible por figuras sensibles. Conviene, sin embargo, no absolutizar: no toda ficción revela verdad, y puede ser mera evasión o engaño. El valor de verdad del arte no es automático.
5. La recepción medieval
La tradición cristiana rehabilitó la imagen como vía hacia la verdad, frente a la sospecha platónica. La defensa de los iconos (San Juan Damasceno; II Concilio de Nicea, 787) distingue ídolo — imagen que se absolutiza — de icono — imagen que remite más allá de sí —. El Pseudo-Dionisio entiende las imágenes como ascenso (anagogia) hacia lo invisible. Para San Buenaventura la creación es, a su vez, vestigio e imagen de Dios. Y Santo Tomás integra lo bello con lo verdadero y lo bueno: pulchra dicuntur quae visa placent («bello es lo que, visto, agrada»), la belleza como resplandor de la forma (splendor formae).
Conclusión
Puede afirmarse con seguridad que Platón condenó la mímesis como copia, que Aristóteles la revalorizó como conocimiento del universal, que «representar» es un término ambiguo y que una obra puede revelar verdad a través de lo ficticio. No debe afirmarse que todo arte representa la realidad en el mismo sentido. La distinción entre imitar la apariencia y reproducir la operación — clave aquí — se precisa en Crear, hacer e imitar la naturaleza; los límites de la tesis de que todo arte representa, en El artista, la representación y la realidad.
Referencias
Fuentes primarias
- Platón, Respublica X, 597a–e (ed. Stephanus).
- Aristóteles, Poetica 1448b, 1451a–b y 1449b (ed. Bekker).
- Pseudo-Dionisio, De coelesti hierarchia.
- Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae I q.5 (sobre lo bello).
Fuentes secundarias
- Ricoeur, P., La métaphore vive.
- Heidegger, M., Der Ursprung des Kunstwerkes.