Introducción

La Metafísica de Aristóteles se abre con una afirmación sobre la naturaleza humana: «Πάντες ἄνθρωποι τοῦ εἰδέναι ὀρέγονται φύσει» — «todos los hombres desean por naturaleza saber» (Metafísica A.1, 980a21). La prueba que se aduce es el placer de los sentidos, en especial de la vista, que se ama por sí misma y no solo por su utilidad. Sobre esa base se levanta una teoría completa de los grados del conocimiento y de sus ciencias.

1. El deseo natural y la admiración

El deseo de saber es natural: no procede de la deliberación, sino de la naturaleza humana misma, y es común a todos. Conviene distinguirlo de la simple acumulación de información, pues lo que se busca es el porqué — la causa — y no el dato suelto.

El origen afectivo de la filosofía es la admiración (τὸ θαυμάζειν): «los hombres comenzaron a filosofar a causa de la admiración» (Metafísica A.2, 982b12), y lo hicieron «para huir de la ignorancia» y sin finalidad práctica alguna, por el saber mismo. Conviene anotar, sin embargo, que la admiración es una carencia que se resuelve: es el motor inicial que se apaga al alcanzar el saber, no un estado permanente.

2. Los grados del conocer

Aristóteles ordena los grados del conocimiento en una escalera ascendente (Metafísica A.1, 980a21–981b10): sensación (αἴσθησις), memoria (μνήμη), experiencia (ἐμπειρία), arte (τέχνη), ciencia (ἐπιστήμη) y sabiduría (σοφία).

La distinción capital es la que separa la experiencia del arte y la ciencia. La experiencia conoce lo individual y sabe que la cosa es así (ὅτι); el arte y la ciencia conocen lo universal y la causa, esto es, el porqué (διότι). De ahí que «los hombres de experiencia saben que la cosa es así, pero no por qué» (981a28–30), y que «quienes tienen arte pueden enseñar, quienes tienen mera experiencia no» (981b7–10): el saber transmisible es el que capta el universal. En la cúspide se halla la sabiduría (σοφία), conocimiento de los primeros principios y de las causas (982a1–3), que no se busca por su utilidad sino por sí mismo.

3. La división de las ciencias

En Metafísica E.1 (1025b–1026a) Aristóteles distingue tres clases de saber: las teóricas (θεωρητικαί: física, matemática, teología), las prácticas (πρακτικαί: ética, política) y las productivas (ποιητικαί: poética, técnicas). Dentro de las teóricas la suprema es la teología o filosofía primera — «la más divina y digna» —, porque estudia el ser en cuanto ser y las causas primeras. Hay así una jerarquía objetiva del saber: las ciencias teóricas valen más que las prácticas y productivas porque se ordenan al conocimiento mismo, no a una utilidad exterior.

4. Sabiduría, contemplación y felicidad

La sabiduría se compone de intelección (νοῦς, la aprehensión de los principios) y ciencia (ἐπιστήμη, la demostración): Ética a Nicómaco VI.7, 1141a–b. La contemplación (θεωρία) es la actividad del intelecto en posesión de su objeto: el grado supremo de actualización humana. Por eso la vida contemplativa (βίος θεωρητικός) es la felicidad suprema (Ética a Nicómaco X.7–8, 1177a–1178b): la actividad del intelecto es la más continua, la más autosuficiente, la más amada por sí misma. El término y modelo de esa contemplación es el dios como «pensamiento que se piensa a sí mismo» (νόησις νοήσεως, Metafísica Λ.9, 1074b34), que mueve «como lo amado» (Λ.7, 1072b3).

Conviene, no obstante, registrar una tensión interna. Aristóteles afirma que todos desean saber por naturaleza, pero también que la vida contemplativa es «demasiado alta para el hombre»: «no en cuanto hombre vivirá así, sino en cuanto hay en él algo divino» (Ética a Nicómaco X.7, 1177b26–28). El deseo es universal; su cumplimiento pleno, no. Esa tensión entre el deseo — universal — y su término — la contemplación, reservada a pocos — es una de las fisuras más fecundas de su pensamiento.

Conclusión

Puede afirmarse con seguridad que Aristóteles funda el conocer en un deseo natural, lo ordena en una escalera ascendente que culmina en la sabiduría, y lo identifica en su grado supremo con la contemplación, que es la felicidad. No debe afirmarse que el deseo de saber sea «curiosidad» en el sentido moderno de inquietud indefinida: es un deseo teleológico que tiende a un término. La vertiente de la búsqueda entendida como examen de la propia vida, distinta de la aristotélica, se trata en Sócrates y Platón: la vida examinada y el deseo de verdad.

Referencias

Fuentes primarias

  • Aristóteles, Metaphysica A.1–2, E.1, Λ.7 y Λ.9 (ed. Bekker); Ethica Nicomachea VI.7 y X.7–8; De anima III.

Fuentes secundarias

  • Augros, M., «The Opening Line of Aristotle’s Metaphysics».
  • Stanford Encyclopedia of Philosophy: «Aristotle’s Metaphysics».