Introducción
La palabra «verdad» se aplica a cosas distintas. Se dice que una proposición es verdadera, pero también que una moneda es «oro verdadero» o que una persona «es verdadera». Antes de preguntar qué es la verdad conviene, por tanto, saber de qué se habla. Este artículo expone las principales respuestas históricas y las distinciones que impiden confundirlas.
1. La formulación clásica de la correspondencia
La formulación matriz de la verdad como correspondencia se encuentra en Aristóteles:
«τὸ μὲν γὰρ λέγειν τὸ ὂν μὴ εἶναι ἢ τὸ μὴ ὂν εἶναι ψεῦδος, τὸ δὲ τὸ ὂν εἶναι καὶ τὸ μὴ ὂν μὴ εἶναι ἀληθές» (Metafísica Γ.7, 1011b26–27).
«Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso; y decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero.»
De esta fórmula importan dos rasgos para todo lo que sigue. El primero es que la verdad y la falsedad residen en el decir (λέγειν), es decir, en el enunciado, no en las cosas mismas. El segundo es que la medida de esa verdad es el ser: un enunciado es verdadero porque la cosa es como el enunciado dice, y no al revés.
Aristóteles sitúa, además, la verdad formal en la composición y división del juicio (De anima —«Del alma»—, III.6): solo cuando el intelecto une o separa conceptos conforme a lo que las cosas son, hay propiamente verdad o falsedad.
2. La tradición de la adecuación
La escolástica condensó esa intuición en la fórmula de la adecuación: la verdad es la conformidad del intelecto con la cosa. Conviene precisar la atribución, porque la fórmula circula a menudo de manera inexacta.
La expresión «veritas est adaequatio rei et intellectus» («la verdad es la adecuación de la cosa al intelecto») no es invención de Santo Tomás de Aquino; él la cita de Isaac Israeli, filósofo judío del siglo X. En el cuerpo de su doctrina prefiere el término conformitas («conformidad»). San Anselmo de Canterbury ofrecía otra variante: «veritas est rectitudo sola mente perceptibilis» («la verdad es la rectitud perceptible solo por la mente», De veritate —«De la verdad»—, 12).
Santo Tomás sistematiza la cuestión en la Summa theologiae I, q. 16, mediante tres tesis:
- La verdad reside primariamente en el intelecto y secundariamente en las cosas (I q.16 a.1), porque «así como el bien es aquello a lo que tiende el apetito, el verdadero es aquello a lo que tiende el intelecto» (sicut bonum nominat id in quod tendit appetitus, ita verum nominat id in quod tendit intellectus).
- La verdad reside propiamente en el juicio (I q.16 a.2), es decir, en el componer y dividir, no en la mera aprehensión.
- Dios es la verdad primera (I q.16 a.5): en Dios ser e inteligir se identifican, de modo que «no solo la verdad está en él, sino que él es la suprema y primera verdad» (ipse sit ipsa summa et prima veritas).
La distinción entre verdad del intelecto (el intelecto humano se conforma a la cosa) y verdad de las cosas (las cosas naturales se conforman al intelecto divino que las crea) es la clave del sistema, porque marca dos direcciones de adecuación, de las que solo la segunda remite a Dios.
3. Tres sentidos que no deben confundirse
La tradición distingue tres acepciones de «verdad», que responden a preguntas distintas:
| Acepción | Pregunta | Lugar |
|---|---|---|
| Ontológica | ¿una cosa es «verdadera» (auténtica)? | en las cosas, respecto de su ejemplar |
| Lógica | ¿un enunciado es verdadero o falso? | en las proposiciones |
| Epistemológica | ¿un conocimiento es verdadero? | en la mente que juzga |
Reducir «verdad» a una sola acepción — habitualmente a la lógica — es el origen de numerosas confusiones. La tradición clásica trabajaba con las tres a la vez, y la ontológica remite en última instancia a un entendimiento creador — es decir, a las cosas en cuanto conformes al intelecto divino que las crea.
4. Concepciones modernas
Desde la modernidad, la correspondencia dejó de ser la única teoría disponible. El coherentismo (Bradley, Blanshard) hace que un enunciado sea verdadero si es coherente con el sistema total de creencias, sustituyendo la correspondencia con lo externo por la coherencia interna. El pragmatismo (Peirce, James, Dewey) identifica la verdad con lo que «funciona» o con lo que se estabilizaría al término de la investigación ideal. El deflacionismo (Ramsey, Quine, Horwich) sostiene que «verdadero» no nombra una propiedad sustantiva, de modo que «p es verdadero» equivale a «p». Por último, la teoría semántica de Tarski (1944) rehabilita formalmente la correspondencia en lenguajes formales — «“la nieve es blanca” es verdadera si y solo si la nieve es blanca» — sin comprometerse con una ontología de los hechos.
Estas teorías no son meras variantes entre sí: disputan la pregunta misma de dónde reside la verdad y de qué la mide.
5. Las distinciones necesarias
Antes de tomar partido conviene separar seis tesis que no se implican entre sí: (1) «la verdad existe»; (2) «podemos conocer la verdad»; (3) «podemos conocer toda la verdad»; (4) «nuestra formulación de la verdad puede ser imperfecta»; (5) «algo es verdadero porque lo creemos»; (6) «algo es verdadero independientemente de que lo creamos».
La posición que subyace a la tradición aristotélico-tomista afirma 1, 2, 4 y 6, y niega 3 y 5. Dos confusiones son especialmente graves. Negar 3 (no conocemos todo) no implica negar 2 (conocemos algo) ni 1 (la verdad existe). Y afirmar 4 (la falibilidad de nuestras formulaciones) no implica 5 (el relativismo); al contrario, el falibilismo presupone 6, porque solo cabe hablar de error respecto de algo independiente del sujeto. La tesis 5 es el punto de ruptura: si algo fuera verdadero solo porque lo creemos, desaparecería la posibilidad de un error transpersonal y, con ella, la de toda búsqueda.
6. Objeciones a la correspondencia
La correspondencia no está exenta de dificultades, que conviene registrar.
La relación de «corresponder» es en primer lugar opaca: no está claro qué significa exactamente que un juicio se conforme a una cosa. En segundo lugar surge el problema de los hechos: si la verdad es correspondencia con un hecho, se plantea qué es un hecho; Strawson señaló que «los hechos son lo que los enunciados verdaderos enuncian», lo que hace circular la definición. En tercer lugar está el problema del acceso: para verificar la correspondencia sería preciso comparar el juicio con la cosa independientemente del juicio, pero de lo único de que se dispone es de juicios. En cuarto, el argumento del slingshot («honda»; atribuido a Frege) sostiene que, si todo enunciado verdadero corresponde simplemente a «el hecho de que p», todos los enunciados verdaderos corresponderían al mismo hecho, con lo que la correspondencia quedaría trivializada. Por último, las paradojas semánticas — como el mentiroso — obligan, como mostró Tarski, a jerarquizar los lenguajes.
Estas objeciones no refutan la correspondencia, pero la obligan a precisarse: qué es un hecho, qué es la adecuación y cómo distinguir el ser verdadero de saber que se es verdadero. La forma en que la realidad se presenta al conocimiento — y la pluralidad de enfoques que lo real admite — se aborda en Realidad, disciplinas y unidad del conocimiento.
Conclusión
Puede afirmarse con seguridad que la correspondencia es la matriz clásica de la verdad (Aristóteles), que la escolástica la sistematizó como adecuación (Santo Tomás, con las precisiones de atribución señaladas) y que existen teorías modernas rivales. No debe afirmarse que la correspondencia esté indiscutida, ni que la fórmula de la adecuación sea invención de Santo Tomás. El análisis de las seis tesis muestra que el núcleo del problema consiste en distinguir la existencia y la cognoscibilidad de la verdad de su posesión total y de su dependencia respecto del sujeto.
Referencias
Fuentes primarias
- Aristóteles, Metaphysica Γ.7 (ed. Bekker), 1011b25–27; De anima III.6.
- San Anselmo de Canterbury, De veritate 12.
- Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae I q.16; Quaestiones disputatae de veritate q.1 (ed. Leonina).
- Tarski, A., «The Semantic Conception of Truth» (1944).
Fuentes secundarias
- Stanford Encyclopedia of Philosophy: «Truth», «Correspondence Theory of Truth», «Coherence Theory of Truth», «Deflationary Theory of Truth».