Introducción
En San Agustín la búsqueda de la verdad deja de ser una actividad puramente intelectual y se convierte en una inquietud de todo el ser. La fórmula que abre las Confesiones condensa esa transformación y ha marcado a la tradición posterior.
1. El corazón inquieto
«fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te» (Confesiones I.1,1).
«Nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.»
Tres rasgos de esta fórmula importan. En primer lugar, la búsqueda es aquí una inquietud (inquietum cor) y no una mera actividad cognitiva. En segundo, esa inquietud es constitutiva: el hombre ha sido hecho «para» Dios, de modo que la búsqueda no es accidental sino esencial. En tercero, la inquietud tiene término: el reposo (requiescat) en Dios. El deseo natural de conocer se convierte así en una orientación existencial que solo se cumple en su objeto último.
2. La verdad inmutable y la Verdad subsistente
En el De libero arbitrio («Del libre albedrío») II San Agustín argumenta que hay verdades que ni cambian ni dependen de la mente: las verdades matemáticas y las normas del bien. De la existencia de esas verdades inmutables infiere una verdad eterna que las funda; y esa verdad eterna, para San Agustín, es Dios.
En los Soliloquios (II,5,8) define la verdad en el registro ontológico: «verum est id quod est» — «es verdadero lo que es». Y en el De vera religione («Sobre la verdadera religión») la identifica con Dios.
Este paso es el que pesará sobre toda la escolástica: la verdad ontológica inmutable exige una Verdad subsistente. La búsqueda de la verdad no termina entonces en un conjunto de proposiciones, sino en una realidad personal.
3. Creer para entender
La relación entre fe y búsqueda se condensa en el principio «credo ut intelligam» — creer para entender. La fe no sustituye a la búsqueda, sino que la orienta: el entender presupone una confianza primera que abre el camino, y el entender profundiza, a su vez, lo creído.
En el De Trinitate («De la Trinidad») la búsqueda se vuelve interior: el alma se recoge en sí misma (interior intimo meo) y encuentra en su propia estructura trinitaria — memoria, entendimiento, voluntad — una vía hacia la Verdad.
4. Qué aporta San Agustín a la noción de búsqueda
San Agustín aporta a la búsqueda de la verdad tres elementos que la tradición anterior no había unido con tanta fuerza. Añade, en primer lugar, la dimensión existencial: la búsqueda es inquietud del ser, no solo del intelecto. Fija, en segundo, el término personal: la verdad buscada es en última instancia una Persona — Dios —, no una proposición. Y establece, en tercero, el vínculo entre fe e intelección: creer no cierra la búsqueda, la hace posible.
Conviene, sin embargo, distinguir con cuidado. Que la búsqueda tenga en San Agustín una culminación teológica no significa que toda búsqueda de la verdad sea religiosa. San Agustín describe una culminación posible — y para él real —; no una implicación necesaria del concepto.
Conclusión
Puede afirmarse con seguridad que San Agustín describió la búsqueda de la verdad como una inquietud constitutiva que reposa en Dios y que fundó la verdad inmutable en una Verdad subsistente. No debe afirmarse que de ahí se siga que toda búsqueda sea religiosa. La vertiente bíblica de la relación entre verdad y libertad se estudia en Verdad y libertad (Juan 8,31–32); la concepción escolástica de la verdad, en ¿Qué es la verdad?.
Referencias
Fuentes primarias
- San Agustín, Confessiones I.1,1; Soliloquia II,5,8; De libero arbitrio II; De vera religione; De Trinitate (ed. PL/CCL).
Fuentes secundarias
- Gilson, É., Introduction à l’étude de saint Augustin.